jueves, 28 de junio de 2012

Wonderwall (Oasis)

No creo en la suerte jajaja por eso la necesito. ¿Sabes lo que creo que puede ser la suerte?
Suerte puede ser que entre el millón de cosas o personas que hay en el mundo, encuentres una en el momento adecuado que te haga mínimamente feliz con sus tonterías. Quizás sea eso que cuando lo piensas, las ideas se te quedan más claras; eso que sientes está ahí, pero solo funciona cuando el resto de cosas parecen desmoronarse.

domingo, 10 de junio de 2012

Título desconcertante y sin sentido: C’mon.

Ojos claros de una realidad que nos engaña. Sus ojos son oscuros como las noches estrelladas de invierno, porque es inverno lo que le gusta ser. Ser frío que se cala en los huesos, hacer como si el frío fuera un impedimento para llegar al fondo de su ser. Le gusta ser noche en la que se camina a ciegas, para no ver lo que se esconde; sin embargo, es una noche estrellada, porque aunque quiera esconderse, las estrellas son las pistas que me llevan un poco más hondo dentro de su ser.
Siento navegar en ti, siento si te descubro porque sé qué prefieres ser impredeciblemente tú. Yo también soy noche, pero mi noche es diferente, nublada, sin estrellas, con demasiados caminos en los que te puedes perder.
Somos rectas que se cruzan. A veces, sólo cuando somos noche nos encontramos y somos capaces de darnos cuenta de que estamos ahí. Aunque yo estoy ahí siempre desde mi noche viendo cómo se oculta, siendo impredecible.
Es noche pero también es mar. Es mar que deja ver desde sus ojos. Es mar en el que un solo ser llega a la isla de sus pupilas y descansa allí. Y sólo entonces se deja ver, sólo a él se muestra cómo es. Al mundo entero intenta engañar creyéndose la mentira que cuenta, esa mentira que sólo algunos no creen, que yo también he visto como mentira.
Envidia siento de aquellos que han sostenido sus manos. Ese punto es el que todavía no he visto, que aún no he sentido ni su calor ni su frío, ni su vitalidad ni su cansancio. Sólo sus ojos... aquellos que aunque no me miren, siento la luz de sus estrellas cegadoras de su noche cuando los encuentro en los pasillos, en nuestras noches, callada, siempre callada. Impredeciblemente tú.
Título desconcertante y sin sentido C’mon.